¿Puede convertirse Bitcoin en la moneda del futuro?

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¿Puede convertirse Bitcoin en la moneda del futuro?

En los diez años de vida del Bitcoin como moneda virtual, muchos han sido los avatares que ha sufrido, desde enormes subidas de cotización hasta dramáticas caídas.

Historia del Bitcoin:

Basta recordar que la primera transacción que se realizó con Bitcoin fue la compra de dos pizzas en el año 2010, por el importe de 10.000 Bitcoin. Si el agraciado pizzero no se ha deshecho de esos 10.000 Bitcoin, a fecha de hoy tendrá una fortuna superior a los 65 millones de dólares.

Hoy el Bitcoin cotiza aproximadamente a 5.700 euros, pero no hace mucho se encontraba cerca de la barrera de los 20.000. Y precisamente esas fluctuaciones tan drásticas son una de las barreras para la penetración de esta criptomoneda.

Pero existen otras barreras mucho más importantes.

Una de las limitaciones importantes es el consumo energético que en la actualidad representa el minado de nuevos Bitcoin, que ha crecido exponencialmente desde su creación y que en un futuro próximo el coste energético necesario para minar nuevas monedas superará al beneficio de cada unidad monetaria conseguida. Desde el punto de vista ecológico, Bitcoin en particular y las criptomonedas en general, son una fuente de emisión de CO2 importantísima por el consumo eléctrico que representan. Este hecho, sumado a la disminución de la recompensa por la minería (halving), hará perder interés en el minado de nuevas monedas.

Quizás la más determinante de las barreras es el volumen de monedas que puede haber en circulación, y que se encuentra limitado tecnológicamente a 21 millones de unidades. Eso, comparado con la cantidad de euros en circulación (en torno a 84.000 millones) o con el total de monedas tradicionales más reconocidas internacionalmente, que asciende a casi 80 billones de unidades, representa una cantidad insignificante.

Añadir como limitación también destacable la lentitud de las transacciones. Será muy difícil pagar un café en un bar con Bitcoin si la aceptación de la transacción tarda más de 10 minutos, como en la actualidad. Además, es posible una pérdida de interés futura en la validación de las transacciones por parte de los nodos, salvo que esta operación sea retribuida, lo que a su vez representaría una comisión a la transacción.

Red de conexión con Bitcoin

Falta de identificación física o jurídica.

Otra barrera destacable se centra en lo referente a la acreditación de la titularidad de la moneda. Precisamente el anonimato de los monederos avoca a una falta de acreditación de la procedencia de fondos, que generaría un gran problema ante la normativa de prevención de blanqueo de capitales. También la transmisión de la titularidad de los monederos genera una falta de acreditación de dicha transmisión, y por tanto, estas situaciones serían contempladas como una falta de acreditación de la procedencia de los fondos a efectos tanto de prevención de blanqueo de capitales como a nivel fiscal.

A estas barreras se suman otras que podrían ser paliables, como el problema fiscal que origina el anonimato de la titularidad de las unidades monetarias indicadas anteriormente. Dado que la tenencia de monedas no se encuentra ligada a ningún identificador de titularidad de personas físicas o jurídica, sino a su depósito en un monedero no relacionado con la titularidad personal del tenedor, es sumamente difícil acreditar la posesión y procedencia de los fondos, lo que podría generar gravámenes impositivos por ganancias patrimoniales no acreditadas, las pérdidas patrimoniales no serían deducibles por falta de acreditación de la identidad del tenedor, y las adquisiciones de Bitcoin se encuentran sujetas al Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, de acuerdo con la regulación en el RDL 1/1993.

Por todo lo expuesto, así como por otras muchas razones tanto técnicas como operativas, que quizás trate en otra entrada del blog, considero que las criptomonedas actuales, y concretamente Bitcoin, no pueden sustituir al menos en la actualidad a las monedas tradicionales emitidas por los bancos centrales. Seguirán siendo durante mucho tiempo solamente moneda de cambio de los especuladores y refugio de actividades delictivas, como lo fue en el siglo XVII la fiebre del tulipán.

 

Luis Arrieta.

Analista de sistemas.

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